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Entre la Educación y la Guerra

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Kenji Orito Díaz: Una visión irresponsable de Colombia

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Álvaro Uribe acepta responsabilidad en seguimientos a periodistas y políticos colombianos

Entre la Educación y La Guerra

11 noviembre 2011


Protesta Estudiantil


Pocas discusiones son tan apremiantes para Colombia como la que ha suscitado el proyecto de ley preparado por el gobierno de Juan Manuel Santos que pretende "regular la prestación del servicio público de la educación superior".

Discutir los múltiples extravíos del proyecto, sin embargo, sería redundar. Voces informadas de todos los sectores han denunciado su ineptitud para alcanzar los fines que promete y lo inconveniente que resultaría para la educación superior. Varios economistas, entre ellos Salomón Kalmanovitz (en esta columna) han señalado con cifras en la mano que si se convierte en ley, el proyecto del gobierno reduciría el presupuesto de educación superior como proporción de la riqueza nacional periódicamente hasta el año 2042, y que así "en 2022 el aporte de la Nación sería de 0,28% del PIB y de sólo 0,15% en el último año de la serie."*

Ayer, en una marcha pacífica, los estudiantes lograron una victoria importante al forzar al presidente Santos a retirar el proyecto de ley a cambio del levantamiento del paro. Hoy, los medios están rebosantes de columnas llenas de júbilo que halagan a los marchantes, celebran sus éxitos y anuncian el renacimiento del movimiento estudiantil.

Ricardo Silva Romero, una de las voces más sensatas y sensibles que se escuchan en los medios, ha escrito una columna en la que le sugiere a Juan Manuel Santos que "Un golpe a las Farc sería que el Presidente se sentara con los estudiantes a armar un mejor país."

Y tiene razón Ricardo. Las Farc se han alimentado ideológicamente, desde siempre, con esa premisa de que el estado Colombiano está cooptado por unas fuerzas oscuras que se oponen al progreso, que masacran a la oposición y que desoyen cualquier voz que tenga un cierto cariz social. ¿Qué mejor oportunidad que esta para que el presidente Santos acabe, de una vez, con ese tapujo ideológico y con la idea de que la democracia Colombiana es una democracia mentirosa?

Dicen los expertos que en el terreno de lo militar todavía queda mucho por andar. Que las Farc no están derrotadas y que el narcotráfico las ha enriquecido. ¿Pero qué hay de esa otra batalla, de esa otra pugna que se libra no en la selva sino en el tablero de ajedrez de las ideologías, en las sedes diplomáticas?

Que el presidente se sentara a hablar con los estudiantes, que los escuchara y que decidiera -armar- junto a ellos, como sugiere Ricardo, un modelo de educación superior que por fin dignifique la educación y la encumbre como un valor supremo, sería una forma de probarle a las Farc, a los estudiantes, a Colombia y al resto del mundo que nuestra democracia sí funciona y que a través de ella hay una vía al progreso. 

No habría ya lugar para los tapujos ideológicos de las Farc. Esa otra batalla estaría ya ganada si el gobierno aprovechara esta oportunidad para demostrar que en los escenarios democráticos pacíficos, que en la gran arena de nuestra democracia se consiguen esas cosas tan importantes que la guerrilla no ha podido conseguir a través de las armas y la violencia. En un país en el que las ideas se escuchen y se debatan, en el que todos puedan participar pacíficamente en la discusión sobre la dirección a seguir, no caben matones profesionales que quieran imponer sus discursos manidos e hipócritas por la fuerza de las armas.


El problema de entrar tan apasionadamente a compartir este agitado zeitgeist, lleno de deseos y de sueños maravillosos casi a la mano, es que podemos descuidar ciertas cuestiones prácticas. Nadie estaría en desacuerdo con esos deseos que Ricardo Silva Romero lista tan elocuentemente en su columna. Es absolutamente necesario que usemos esta oportunidad para empujar al gobierno a una reforma educativa que logre "que los cupos se multipliquen, que la calidad por fin se eleve, que el aprendizaje deje de ser un privilegio, que los institutos tecnológicos alcancen la dignidad que tanto les falta y que los principios del buen gobierno se tomen el sector.**"

No desfallezcamos en ese intento. No lo negociemos. Exijámoslo. Que este sea el momento para decir que la educación es mucho más importante que la guerra y que esa prioridad debe reflejarse en el presupuesto.

La cuestión práctica que no se nos puede olvidar (a los sectores del centro más que nadie) es que resultaría irresponsable, por ahora,  poner en marcha un nuevo modelo presupuestal que descuide uno de nuestros graves problemas: El problema de seguridad.

Es preocupante que en medio de la exaltación que produjo la victoria política de ayer en la marcha, se nos reduzca la realidad a una simplificación irresponsable, al maniqueísmo de siempre: O nos gastamos todo en educación, o nos gastamos todo en guerra.

Lo que debe concertarse, lo que debe discutirse abiertamente y con las cifras en la mano, es precisamente cómo podemos idear un presupuesto que nos permita materializar todas esas maravillosas aspiraciones en educación, pero que además nos permita ocuparnos de mantener la superioridad militar que los Colombianos sensatos detentamos sobre los que han elegido las armas, el crímen y la violencia.

Parece que por estos días el extremismo más extremo,  la mayor rebeldía, es pararse en el centro. Pero alguien tiene que hacerlo. Alguien tiene que decir que la hoz y el martillo que ondean algunos de los marchantes son estandartes anacrónicos y aterradores. Que constituyen, precisamente, junto a las motosierras de los paramilitares, la simbología de nuestra tragedia. Que son como las iglesias de ese hermoso poema de Larkin: Construcciones que una vez entradas en desuso deberíamos evitar, por ser recordatorios de nuestra mala suerte.

Alguien debe decir, sin miedo a los epítetos de siempre (furibista, mamerto, godo...) que la Colombia de hoy se siente y es mucho más segura que la Colombia de hace ocho años y que una de nuestras prioridades, mientras los violentos sigan en su empeño, es mantenerla así. Nuestro presupuesto no puede ser un presupuesto que empobrezca nuestra educación, pero tampoco puede descuidar un hecho importante: Estamos ganando la guerra en la selva. Si bien es cierto que la victoria final no está cerca, debemos por lo menos asegurar la supremacía en las armas de la Colombia que está cansada de las Farc. Volver a la Colombia en la que Jojoy y sus secuaces masacraban y secuestraban a diestra y siniestra es impensable.

No podemos creernos ya, después de tanto tiempo, la mentira histórica de los apologetas de las Farc: "Que estas son un resultado de la inequidad y la injusticia social que ha propugnado históricamente el estado colombiano". Lo cierto es que sea cual sea la dirección que asumamos, sea cual sea el progreso que logremos, las Farc no desistirán de su guerra cruel.Y no desistirán porque su propuesta política es inexistente, porque lo suyo es precisamente la guerra, el narcotráfico, la rebeldía por la rebeldía, la violencia por la violencia.

Entonces que vengan los economistas, que vengan los tecnócratas, que se unan a los estudiantes, que todos participen, que haciendo a un lado los maniqueísmos concierten un presupuesto responsable y realista que nos permita dignificar nuestra educación superior sin cederles ni un milímetro a los violentos.


Javier Pimentel***







* Jorge Armando Rodríguez, “Alternativas a la ley 30 y al proyecto de Santos de financiación de la educación superior pública”, CID, Universidad Nacional.
** Texto extraído literalmente de la columna de Ricardo Silva Romero publicada en el diario El Tiempo, disponible en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/ricardosilvaromero/marcha-funebre_10744105-4
***Javier Pimentel es abogado de la Universidad de los Andes, Master of Law and Business (MLB) de Bucerius Law School y WHU Otto Beisheim School of Management y confudador de Claroscuro.
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Tuitádas

04 abril 2011

Javier Pimentel nos ofrece un vistazo crítico a la Twittósfera en el país del sagrado corazón y advierte que Twitter es reducido en muchas ocasiones a ser la herramienta perfecta de una nueva estirpe de bullies informáticos que posan de progresistas, irreverentes y librepensadores. Opine: ¿A quién vale la pena seguir en Twitter, la cosa más cool desde Facebook?





Twitter Analog Camping Edition (Page 1)
Fotografía: Patrick Berry Creative Commons.

Charlie Sheen, a través de Twitter.



Mi primer problema con Twitter es casi de orden semántico. Si uno agrega a alguien a su lista de contactos en Flickr, por ejemplo, puede escoger entre llamarlo “amigo”, “familiar” o simplemente eso: “contacto”. A Zuckerberg, por otro lado, se le ocurrió que todas las personas que los usuarios de Facebook incluyan en -sus listas- se llamarían amigos. Y aunque no todas las personas en mi lista de Facebook son mis amigos (y aunque no quisiera que se me considerara amigo de más de uno en ese listado) nada supera el escozor que me causa la posibilidad de que pueda llamárseme “seguidor” de alguien.

¿Seguidor? A juzgar por esa palabrita, uno pensaría que estos señores (@jack, @biz y @ev) que se inventaron Twitter en el 2006 tenían en mente fundar una religión y resultaron fundando, por accidente, la red social más exitosa desde Facebook.

Y lo cierto es que Twitter es casi eso: Una suerte de religión que cambia de deidad con cierta frecuencia. Hace algún tiempo el olimpo Twittero era propiedad casi exclusiva de Ashton Kutcher y su señora, la señora de Kutcher (@mrskutcher, alguna vez conocida como Demi Moore) y entre ellos se mandaban twittazos muy tiernos y divertidos. Por estos días Twitter parece una religión a la medida de Lady Gaga y sus “Little Monsters” (el apelativo que ¿la cantante? usa para referirse a sus –fanes-) y de el bi-polar, bi-winner y bi-incoherent Charlie Sheen, que desde hace tiempo está jugando a ser el rockstar que los verdaderos rockstars de este momento histórico no se atreven a encarnar. -Seguirlo- a él tiene su encanto morboso, pero la mayoría de las veces, como en la vida real, resulta ininteligible. Los tweets de Charlie están llenos de abreviaturas, de palabras extrañas, de genialidades al estilo:


"We must bombard with Warlock Napalm, that traitor and loser whore#DUH-neese POOR-ards. a vile kidnapper and now dog thief. hate. SBW c"

Para las supercelebridades, o para las celebridades de "talla mundial", como dirían los comentaristas de fútbol, Twitter es una opción perfecta porque les permite controlar el tipo de información que comparten de una forma más efectiva que Facebook. En Twitter pueden tener muchos -seguidores- e informarlos de lo que acontece en sus vidas privadas, en sus carreras, sobre lanzamientos de nuevos albumes, conciertos, libros o películas, sin necesidad de añadirlos recíprocamente a sus propias listas de -contactos- y con un control absoluto sobre lo que se comparte a través de su timeline.


Pero bástenos, para los propósitos de este texto, ese repaso rápido de la twittósfera internacional, porque lo que realmente nos interesa es lo que ocurre acá en las cercanías. De este lado del mundo también tenemos tuitádas. En la twittósfera Colombiana tenemos a un expresidente más activo en las redes sociales que Barack Obama, un pésimo fake (como se les dice en twitter a los perfiles falsos) de Joseph Göebbels (@joseobdulio), unos primeros damitos muy simpáticos y hablantinosos (@MartinSantosR, @tomasuribeEco) y un séquito, un gran séquito de bobos que viven desdeñando de su exmajestad.


En efecto, al Twittero Colombiano promedio le parece que lo más cool, que lo más chic, que lo más inteligente es ser Anti-uribista. Es la pose más exitosa. Y con esto recuerdo lo que dijo alguna vez el honorable señor JJ Rendón (escribo honorable para evitar las ya tan conocidas amenazas litigiosas que llegan cuando uno hiere las susceptibilidades de su majestad rumorológica) cuando decía, sobre la ventaja de Antanas Mockus en las encuestas presidenciales del año pasado, que estas habían sido el equivalente a preguntarle a un grupo de vegetarianos sobre sus preferencias alimenticias. Si la política en Colombia se hiciera primordialmente por Twitter, no habríamos tenido a Alvaro Uribe como presidente y probablemente Daniel Samper Ospina realmente estaría por convertirse en el próximo alcalde de Bogotá. Colombia en Twitter es progresista, anti-tauromáquica, muy tolerante con la diversidad racial y sexual y terriblemente cool e ingeniosa. Es una Colombia perfecta.

O no: Tal vez no es tan perfecta, porque entre tanto talante progresista los usuarios de Twitter aprovechan el acceso directo que la red social les provee a los oídos de sus -celebridades- para espetarles, con la valentía que les permite su lejano teclado, cosas tan inteligentes y tan agudas como: “Mátese” o tan originales como: “¿Por qué no te callas?

Y es que uno de los mandamientos de esta nueva religión es ser así muy varoncito, muy rebelde, muy hablantinoso, muy sarcástico.* Y por eso entre twitteros Colombianos y un par de marcas afines a la red social organizaron un concurso en el que eligieron al Twittero del año y resulta que el ganador fué Vladdo (o mejor dicho: a @vladdo, porque gracias a Twitter la gente ahora se llama @así). Y lo escogieron con toda razón, porque últimamente Vladdo se ha convertido en la encarnación de la rebeldía hablantinosa y bobalicona que Twitter propicia. El caso de Vladdo es interesantísimo porque prueba la veracidad de la sabiduría popular que indica que cuando te creen un genio debes guardar silencio, mucho silencio estratégico. A Vladimir Flórez lo admiran muchas personas porque es el creador de Aleida, una de las caricaturas más influyentes de la historia de Colombia y porque es sin duda un caricaturista talentoso que no le teme a poner algunos puntos sobre las íes. Sin embargo, sus recientes sesiones de insultos con Alvaro Uribe y toda su estirpe son vergonzosos. Hace algunos días publicó en su blog, casi con orgullo, una serie de mensajes que intercambió con Tomás Uribe a través de Twitter en la que respondió a algunas provocaciones del hijo mayor del ex-presidente, diciendo que los colores de la bandera gay eran más "lindos" que los de la bandera de corrupción que ondea la familia Uribe. Agregó, además, que entendía la estrechez mental de los hermanos Uribe dada la formación que habían recibido de su padre, entre otros insultos, más propios de esas viejas chismosas que se plantan en las calles de algunos pueblos costeños a insultarse solo por el placer de insultarse, que de el caricaturista más respetado y admirado de Colombia.


Yo creo en el talante librepensador de Vladdo y confío en que si lee estas líneas no las entenderá como un insulto o como una reacción de un furibista más. Twitter (alguien tenía que decirlo) le ha caído muy mal. Un tipo que puede, con un dibujito y una viñeta, poner a temblar a la fauna política Colombiana, un tipo que dibuja todas esas cosas tan divertidas, no debería rebajarse al insulto tontarrón, a la palabrería. Lo de Vladdo son las caricaturas, y con ellas puede insultar con elegancia, acusar con estilo, burlarse sin injuriar. Uno de sus dibujitos puede poner en evidencia y en mayores aprietos a cualquier político que mil y un tweets como los que acostumbra. (Este en el que compara a Ernesto Yamhure con una mula, en un chiste sin gracia, es particularmente desafortunado).


No me interesa hacer el papel de juez del comportamiento Twittero, creo que todos cometemos nuestros excesos a través de Twitter (el nuevo mandamiento debería ser: "Don't drink and tweet") y que siempre se puede hacer click en "unfollow", pero el problema es que Twitter ha convertido a Vladdo en uno de esos personajes que parecen ganarse la vida insultando a Alvaro Uribe Vélez y a toda su estirpe. Y sabemos que los insultos pierden la gracia rápidamente si se reiteran, y que el mayor pecado en Twitter es precisamente ese: perder la gracia. Esos episodios de insultos públicos hacen ver muy mal a Tomás Uribe pero primordialmente, hacen ver muy mal a Vladdo, porque en ellos solo hay descalificaciones personales, acusaciones de corrupción sin mucho fundamento, nada nuevo. Si personajes como Armando Benedetti no proponen nada porque viven de asentir y celebrar lo que haga Alvaro Uribe, un vistazo a Twitter nos hace pensar que hay otros personajes que viven su vida por oposición a Uribe. Todo lo que diga o haga Uribe, su familia, sus copartidarios, sus amigos, es satanizado. Todo lo que tenga un tufillo a apoyo hacia lo que Uribe representa es inmediatamente descalificado como reacción "furibista".


Y así, resulta que Vladdo y otros cuantos han pasado a unirse al grupo de Daniel Coronel, que es el grupo de los peores interlocutores de Álvaro Uribe Vélez. Hace algún tiempo cuando Uribe era presidente, eran necesarios, pero ahora se dedican a insultar a Uribe y a responder a sus insultos escribiendo columnas casi ridículas en las que exponen todos sus méritos, su hoja de vida intachable, en las que resaltan la responsabilidad con la que ejercen la "tarea periodística". Pasan de ser el periodista a ser la noticia.


Yo no soy Uribista, debo aclarar para no levantar suspicacias, pero creo que esta obsesión, esta furia Antiuribista es igual de tonta e innecesaria que la Furibista. Insultar a la familia Uribe (o a cualquier otra familia) de tanto en tanto no es precisamente la actitud que se espera de alguien que se haga llamar progresista, y abusar de Twitter publicando ocurrencias tontas sobre la "uribersidad" fué divertido las dos o tres primeras horas. Después fue un exceso ridículo.


Algo de razón debe tener Tomás Uribe cuando dice que ciertos personajes deben ir a terapia, a una terapia que les permita sobrellevar cierto estrés postraumático, o tal vez cierto estrés Post-uribista. Un especialista debería enseñarles como se construye una identidad ya no por oposición a Uribe sino una verdadera identidad individual, a ver si algún día dejan atrás los insultos y se dedican a lo que saben y deben hacer: informar.


La Colombia Twittera es así. Tal vez el vívido reflejo de que nuestra política y la agenda de los medios las hacen los furibistas, los anti-furibistas y los hijos malcriados de los presidentes. Creo que un presidente de la república debería tener una conversación seria con su hijo sobre lo que éste dice en público (especialmente cuando se refiere a un fallo de la Corte Constitucional) y debería trazar una línea clara e indiscutible entre los comunicados oficiales de gobierno y las tuitádas. Pero eso es solo lo que yo creo, y todo el mundo (para la prueba Twitter) tiene derecho a una opinión. Lo que está claro es que aquí todavía no empezamos a usar las redes sociales con responsabilidad (este tema fué tratado por Camilo Andrés García en una columna reciente) y que en este país del sagrado corazón siempre estamos prestos a celebrar las andanzas de los primeros damitos.


Hay que agregar, además, que esta red social creó (como si las tuitádas de las celebridades que ya lo eran antes de Twitter no bastaran) sus propias celebridades. Tenemos a una ensayista que se ha hecho famosa (algunos dirían infame) por la agudeza de sus textos pero principalmente porque habla de sí misma en demasía, responde preguntas de sus -seguidores- con frases provocadoras y ya nadie aguanta su ego.Tenemos consultores de medios, mucrackers y un montón de cibercelebrités que se han convertido para bien o para mal en verdaderos líderes de opinión.


Pero no todo en Twitter es una tuitáda. Es cierto que el grueso de los usuarios de Twitter parece pertenecer a una generación de adolescentes que fue víctima de bullying escolar y que ahora quiere vengarse del mundo conformando un ejército de bullies informáticos. Es innegable que hay gente que tuitéa cada cinco segundos como bajo la premisa de que al mundo le interesa qué tal estaba su almuerzo o como le fué en la última escala en el baño, pero también es cierto que esta nueva red social ofrece la posibilidad de recibir, en vivo y en una sola ventana, los titulares de las publicaciones más importantes del mundo y que esa simple posibilidad la convierte en una herramienta muy valiosa para asiduos lectores de prensa y revistas. A través de Twitter se puede acceder a titulares en vivo de casi todos los diarios Colombianos y de publicaciones tan importantes como The New York Times, Wired y Time Magazine.
Esta última, a propósito, publicó recientemente un listado de 140 feeds en Twitter que vale la pena seguir. Y aunque el listado es controversial porque incluye a Taylor Swift, a Justin Bieber y a otro par de celebridades adolescentes que tuitéan para las quinceañeras, también incluye las @s de gente e instituciones muy interesantes.
El especial de Time lista usuarios de Twitter en varias categorías que incluyen comediantes, líderes de opinión, escritores de culto y hasta personajes de ficción como Tracy Jordan, Homero Simpson y una hilarante versión ebria de Hulk. Alguna de esta gente que usa Twitter con gracia comparte sus columnas más recientes, comentarios realmente agudos, artículos interesantes y otros contenidos relevantes, al punto de que no es tan grave que lo consideren a uno "su seguidor".


Twitter es entonces todas las anteriores: una especie de religión, un lugar propicio para los insultos, un sitio en el que se comparten contenidos multimedia y artículos interesantes, una forma muy conveniente de mantenerse -enterado-  y uno de esos gustos adquiridos cuyo atractivo es (en parte) el morbo que produce la ilusión de poder seguir la vida de alguién, en vivo y en directo, trino a trino. Y es que hay algo de placer pecaminoso en compartir, minuto a minuto, como en un incesante monólogo, lo que a uno le acontece, pero el morbo radica primordialmente en leer calladamente la vida de los otros.


Tal vez sea necesario crear una especie de netiquette solo para Twitter, pero supongo que eso no debería sorprendernos. Esta red social no es tan diferente a la vida real después de todo, y aunque le permite a la gente dejar constancia de su valentía, de su constante ser cool, también prueba y deja por escrito, con el ciberespacio como testigo, que vivimos en una época en la que todos creemos tener una opinión, y que estamos dispuestos a insultar para hacerla valer.


Alex de la Iglesia hacía, algunos días atrás (desde su cuenta de Twitter naturalmente) una interesantísima anotación sobre estos tiempos en los que la lejanía de los teclados propicia falsas valentías, alimenta rebeldías superchic y patrocina descortesías que pasan sin ser castigadas. Decía que "En los tiempos que corren, lo más punk es ser amable."


No podría estar más de acuerdo.



Javier Pimentel**









A propósito de listados, y en vista de que ninguna publicación Colombiana ha realizado una compilación de los usuarios o feeds de Twitter Colombianos (o en español) libres de "tuitádas", Claroscuro hará su propia selección y abre la convocatoria. Cúentenos, en sus comentarios, a quién vale la pena seguir.







Cuasi en Defensa de los Infieles

13 marzo 2011

Infieles de 500
Para mí lo peor que puede tener un artículo es que comience con una aclaración, sin embargo dado lo delicado del tema que voy a tratar quiero aclarar que: este artículo no se trata de una defensa acérrima de los hombres infieles, es más, estás letras no diferenciarán el género a la hora de ser infiel.

Hace un par de meses una revista dedicada a los temas del Jet Set anunció un especial que creo tituló “las infidelidades de la realeza”, nunca me imagine que eso fuera algo realmente importante, fundamentalmente porque el más vulgar de los vulgares, así como el más preclaro de los preclaros está diseñado genéticamente para ser infiel.

Y no lo digo yo, Natgeo y Discovery Channel se han dedicado a responder preguntas relacionadas al cómo se enamora las personas, a cuál es el origen evolución, así como también a tratar de entender las diversas manifestaciones del sexo.

Voy a tratar de resumir lo mejor posible los contenidos de estos documentales con el fin de que la reflexión sea lo más aterrizada posible.

De manera general las mujeres buscan hombres inteligentes y para identificarlos usan un mecanismo inconsciente que básicamente las lleva a desear hombres ricos y poderosos, fundamentalmente porque los consideran portadores de una inteligencia digna de ser heredada por sus crías, entonces, debemos dejar de señalarlas de interesadas ya que es la naturaleza de la evolución la que las lleva a tener este tipo de comportamiento. 

Por otra parte el aspecto físico también influye, ellas se ven seducidas por hombres con caras simétricas  como la de Tom Cruise - la cual usaron de ejemplo en uno de estos programas- y cuerpos que parezcan triángulos, pienso que como el de Mike Tyson, de ahí pueden sacar sus propias conclusiones.

Los hombres somos más simples, buscamos mujeres con caderas amplias, cinturas estrechas y pechos grandes, sin importar la estreches mental, según los estudios este biotipo es mucho más fértil, en otras palabras los hombres velamos para que la raza humana no muera. Consideraciones adicionales son realmente irrelevantes, por ejemplo para el hombre, la inteligencia en las mujeres, no es un aspecto a considerar a la hora de aparearse.

En otros programas se han concentrado en analizar temas como el poliamor, la poligamia, los swingers, etc., algo que las abuelas pueden considerar como aberraciones, quizá no lo sean, simplemente podemos estar presencialdo la evolución de la vida sexual, que como lo podemos ver se está distanciando de esa concepción tradicional que  la limita exclusivamente a una pareja, con ciertas características de edad, sociales y de género.

Adicionalmente, de todo el reino animal –entiendo que- solo dos a especies son monógamas, no son ni los perro, ni los leones, ni los elefantes, ni ningún animal digno de admiración son simplemente unos roedores anónimos y créanme que ustedes nunca han oído hablar de ellos.

Después de ver tantos estudios me asaltó la pregunta: ¿quién se inventó la fidelidad?, yo me atrevo a pensar que el tema debió nacer de algún impotente, que en venganza por su disfunción se le ocurrió que la fidelidad debería ser un valor moral. Claro está que esto no fue ayer porque desde antes de Cristo el problema nos está castigando.

Lamentablemente, en el momento en que se definió el proyecto El Valor de la Fidelidad, su creador -a pesar de ser impotente- sacó de sus entrañas el macho herido que llevaba y fue así como castigó a las mujeres, las definió como  Marías o Marías Magdalenas, para los que no son unos teólogos –como yo quisiera serlo- debo decir entonces que, las mujeres están catalogadas en dos grupos: el de las virtuosas o el de las putas, finalmente a los hombres nos dio la posibilidad de ser débiles ante la carne y tenemos la esperanza de poder ser indultados -no insultados- ante un desliz.

El tema que complicó todo y que permitió el fácil fortalecimiento del establecimiento de la fidelidad fue el hecho de que dentro del reino animal somos los hombres los únicos seres inteligentes y eso –se supone- nos dota de una fuerza de voluntad que nos permite controlarnos, entonces la pregunta es ¿amor o control?, somos fieles porque tememos a las consecuencias o porque el amor nos bloquea el instinto animal.

No lo sé, yo los invito a hacer un ejercicio juicioso en un centro comercial. Observen a cualquier hombre, inclusive a un papá con su esposa y con un bello bebe en un coche, luego ubíquense estratégicamente y esperen hasta que una mujer de caderas amplias, cintura estrecha, escote pronunciado, larga cabellera rubia a la cintura y unos zapatos de doce centímetros de alto pase por enfrente de él…  miren su expresión facial, no sonríe, se ve serio, ¿saben ustedes lo que sintió? Yo no lo sé, pero con seguridad le dirá a su mujer “que vieja tan vulgar, salió temprano a trabajar como que se le perdió el poste” y básicamente lo dice porque recuerdan que es un animal inteligente, que el que pega primero pega dos veces y que hay que despistar al enemigo.

En cambio las mujeres son más discretas y por ende más peligrosas. No dejan ver su instinto animal, ellas no son evidentes porque saben que deben trabajar por mantener su imagen de Virgen María, la que parece puta de profesión también saben que no pueden ser evidente, porque quizá el marido le pegará, le quitará la camioneta y la casa donde vive su madre (la de ella).

Mientras el mundo evoluciona seguiremos oyendo historias de hombres y mujeres infieles, pero no los juzguen, porque para no ser infiel se debe cultivar el amor y eso de cultivar es un trabajo duro, sobre todo para la gente de la ciudad.

Por último, yo sé que la fidelidad si existe y sé que en algunos casos está fundamentada en el amor.  Pero también sé que la mayoría de casos está cimentada sobre principios personales, como por ejemplo: no hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros; sobre otros aspectos como el temor de perder un matrimonio; por falta de dinero o de tiempo; en fin el mundo seguirá en un juego eterno en el cual ninguno – incluyéndome- tiene el valor suficiente para pensar en una solución de fondo, quizá seremos eternamente unos inconformes fieles por convicción.


Por: Santiago Sarmiento Ortiz.
Fotografía: Ismeol (http://www.flickr.com/ismeol/)






Las Chivas no Matan

23 febrero 2011

     


Decía Germán Castro Caycedo hace algunos días (en esta entrevista para El Espectador) que "la chiva es la prostitución del periodismo Colombiano". Y agregaba:



"Jamás en la vida he ido a esas casas de citas. No se trata de decirlo primero, sino de decirlo bien. En la investigación sobre el Karina encontré que de los 35 titulares que había recogido de ese hecho ninguno se acercaba a la realidad. Dijeron que el buque traía 10 mil armas y traía 2 mil. No venía de Nicaragua, venía de Alemania.*"

No solo es elocuente y agudo Castro Caycedo, sino que además tiene algo de profeta. Si el staff de La Silla Vacía* hubiera escuchado atentamente sus palabras, tal vez no habría cometido uno de los errores más penosos desde su fundación al afirmar a viva voz, confirmar y reconfirmar (para luego publicar un desmentido) que el el ejército había dado de baja a Alfonso Cano, el comandante en jefe de Las FARC. 


La historia sucedió así (desde la óptica de los usuarios de redes sociales, un nicho importante para la silla vacía) : El 19 en la tarde, La silla hizo público un tweet en el que aseguraba: "Alfonso Cano fue abatido por la Fuerza Pública junto a un excongresista." Todo apuntaba a que el equipo de Juanita León había realizado un minucioso contraste de fuentes y la noticia estaba en proceso porque en una nota anterior habían informado que "crecían los rumores sobre la muerte de Cano". En Twitter hubo conmoción. La gente se preguntaba por la veracidad de la noticia y un supuesto periodista que había "Twitteado" la chiva con antelación cerró su cuenta en la red social, en un gesto que causó mucha más perplejidad. 

En los corrillos de internet se rumoraba que un hacker estaba usando la cuenta de Twitter de La silla vacía para propagar noticias falsas, que Santos estaba escondiendo "la chiva" para arrebatarle la primicia a la joven publicación, que todo era mentira.

La Silla contraatacó y dejó clarísimo, en un nuevo Tweet, que el episodio no involucraba a ningún hacker y que la noticia estaba confirmada por fuentes confiables. Además amplió una de sus notas sobre los rumores de la muerte de Cano con un análisis un poco apresurado pero sensato sobre las consecuencias que dicha muerte acarrearía para el futuro de Las FARC como organización armada y para el gobierno de Juan Manuel Santos, tan necesitado de resultados militares por estos días.

Esta última nota contenía dicho análisis, pero pocos detalles sobre las condiciones en las que había ocurrido la supuesta muerte de Cano y esa carencia la rodeaba de un halo de incertidumbre y ponía en tela de juicio su veracidad. 

Y en eso radica el desliz de La Silla: ¿Como sabían sobre la muerte de Cano pero desconocían los detalles sobre el episodio? ¿Qué es lo que importa en el periodismo? ¿Decirlo más rápido, decirlo más duro, informar? ¿Donde estaba el verdadero carácter informativo de esa nota?


El desmentido del gobierno no se hizo esperar y en las redes sociales los representantes de medios de comunicación tradicionales festejaban y auguraban un futuro negro para la La Silla Vacía, como en un intento de hacerle creer a todo el mundo que este era el fin, que ellos no temen perder parte de su influencia cediéndosela a publicaciones más pequeñas, más jóvenes, pero muy agudas como la que fundó Juanita León.


La Silla Vacía es una publicación inteligente, con espíritu joven y talante independiente, que se ha ganado el corazón de los líderes de opinión porque propone un periodismo más interesante, menos noticioso pero más pausado, más lleno de historias y de análisis serios. Es un oásis entre las secciones de farándula, las columnitas de sexo y los columnistas vejetes que ya no tienen más nada que decir o que sufren de una cierta megalomanía paranoica que les ocasionó tanta lidia con el gobierno de Uribe.

El episodio de Cano, sin embargo, es una prueba de que la obsesión por la "chiva" es tan fuerte en nuestro periodismo que hace que publicaciones inteligentes como La Silla Vacía se traicionen a sí mismas, a su esencia.

No me atrevo a darle consejos a Juanita León, a quien admiro profundamente. Ella es el cerebro detrás de esa publicación que sin propaganditas plegables de Diageo, sin tetas (sólo las de Juanita, supongo, muy resguardadas siempre) y sin columnas de sexo, se ha ganado un espacio importante y merecido entre los medios de comunicación Colombianos. 

Me atrevo, sin embargo, a enviarles a ella y a su equipo un gesto de admiración y un mensaje de amistad: 

El oficio de La Silla Vacía no tiene mucho que ver con chivas. Ese es el trabajo de otros. Es muy ingenuo pensar que a El Tiempo se le va a escapar alguna chiva mientras Juan Manuel Santos sea presidente de la república. El trabajo de la silla, además, no es competir por primicias sino informarnos haciendo uso de ese periodismo creativo, inteligente y crítico que la ha puesto donde está. 

Sería un desacierto renunciar a todo carácter noticioso, pero   este episodio debería iniciar, entre sus filas, una discusión seria sobre la necesidad de apostarle cada vez más a ese periodismo que propone Castro Caycedo, a un periodismo lleno de historias, lleno de ideas, lleno de veracidad y ajeno a los afanes superfluos que conlleva la obsesión por las chivas. Su esencia, lo que nos arrastra hacia www.lasillavacia.com no son las primicias afanadas.

No es este el primer desliz de la silla ni será el último. Queda comprobado que en Colombia los medios están obsesionados con las chivas pero también que una chiva no mata a nadie.

Desde Claroscuro un abrazo cordial para todos en la Silla Vacía, una publicación pionera en Colombia y un ejemplo a seguir para todos aquellos a los que nos interesa la idea de decir, entre el vasto -ciberespacio-, cosas que valga la pena escuchar.








* Fuente: El espectador.
*Imágen: Screenshot de la nota de la Silla Vacía en la que se confirmaba la muerte de Cano.













Kenji Orito Díaz: Una visión irresponsable de Colombia

13 febrero 2011





Empecemos por lo primero: y lo primero es decir que no está mal que alguien quiera hacer soñar a este país. No está mal que un orador, moderadamente diestro en las formas retóricas, nos diga que acá las sandías crecen gigantes y que somos un país lleno de recursos naturales, que hay que valorar a la gente.

No está mal que alguien nos recuerde, en un discurso emotivo, que nuestra gente es cálida, que nuestra pobreza está primordialmente en nuestras cabezas y que acá nos sobra lo que en muchos países hace falta.
Lo risible es que alguien se convierta en héroe nacional diciéndonos, entre sensiblerías y una que otra falacia retórica, que Colombia es una especie de país maravilloso  cuyo único problema es que sus ciudadanos somos mendicantes y pobres en la mente. Lo que es peligroso es que haciendo uso de comparaciones disparatadas, de oxímoros sin sentido, Kenji Orito Díaz nos haga olvidar unas cuantas cosas que no se nos deben olvidar por ahora.

Y digo oxímoros porque Orito Díaz afirma, por ejemplo, que "Japón es un país pobre que vive en la riqueza". Y la popularidad del discurso y las tantas veces que la gente lo comparte en las redes sociales parecen señalar que nadie cuestiona semejante afirmación. Que tiemble Amartya Sen, porque hay un genio  Colombo-Nipón que cuestiona toda la teoría económica sobre pobreza y afirma que se puede ser pobre y además, vivir en la riqueza. Dice entonces Orito, elaborando al respecto, que Colombia no es un país pobre porque tenemos recursos naturales en abundancia, pero se le olvida que los indicadores económicos de la riqueza y la pobreza no están dados en términos de sandías per capita, ni responden a un conteo de los comedores comunitarios en los barrios marginales.

En la academia hay una discusión muy sofisticada  que cuestiona los criterios que usa occidente para cuantificar la pobreza y la riqueza, pero Orito Díaz está lejos de llegar a ese debate y en ese sentido su discurso aunque bonito, emotivo  y patriotero, es simplemente melosería sin mucho asidero. Colombia, incluso según las cifras del DANE, a las que todo el mundo tilda de "maquilladas" y excesivamente convenientes para los gobiernos de turno, es un país pobre.

En efecto, según el último informe del DANE fechado en abril de 2010, el 45.5% de la población Colombiana vivía en condiciones de pobreza en 2009. Esto significa, palabras más palabras menos, que hace dos años el 45.5% de los colombianos censados tenía una capacidad adquisitiva de menos de dos dólares diarios.

Pero sigamos buscando esa riqueza metafórica que Orito Díaz encuentra en Colombia entre las cifras, en las estadísticas, en los estudios económicos. Resulta que hay otro tipo de pobreza que el Banco Mundial denomina "Pobreza Extrema", en el que se encuentra toda persona que no disponga de una capacidad adquisitiva equivalente a un mínimo de 1.25 dólares diarios.

¿Cómo estamos de pobreza extrema en este país en el que Orito Díaz se deleita los ojos viendo niños gorditos y pantallas de Plasma en Ciudad Bolivar?

El DANE dice que en 2009, diecinueve de cada cien Colombianos vivía en esa pobreza, que le impide a las personas la adquisición de productos básicos que son necesarios para la supervivencia.

Y paremos de hablar de pobreza ahí. Ni siquiera mencionemos las cifras sobre indigencia o el coeficiente de Gini, no digamos más nada. Bástenos para desenmascarar la falacia de sus comparaciones con decir que el porcentaje de la población Japonesa que vivía en la pobreza en la década que inició en el año 2000 era sólo del 15%.   Hacen falta solo dos cifras frías pero ciertas para recordar que esto no es Suiza. Acá la gente -pasa trabajo- aunque haya un Japonés lleno de palabras bonitas y buenas intenciones que nos quiera vender a Ciudad Bolivar como destino turístico.

Una persona que haga uso de recursos tan románticamente rebuscados para vendernos la idea de que somos ricos, de que vivimos en la abundancia, es una persona por lo menos irresponsable. Lo que nuestros líderes destacados deberían recordarnos es, por el contrario, que hay mucho trabajo por hacer, que 45 de cada 100 colombianos viven en la pobreza, señor/a lector/a, mientras usted lee esta nota.

Aunque Orito Díaz se atreva a decirnos, con voz quebrada  y tierna,  que "No cree en la pobreza de Colombia", toda su ternura, toda su buena vibra, todo su positivismo, por sí solos, no cambiarán la realidad de ese 45%. Repito: Somos pobres, somos muy pobres.  No necesitamos alguien que nos diga que somos ricos y que esconda nuestros problemas sino muchos líderes que sugieran cursos de acción para encontrar la dirección correcta, el camino a seguir para solucionarlos. Si lo que Orito Díaz propone es un simple cambio de mentalidad, tendría que decirnos cual es ese cambio, y tendría que hacer un análisis mucho más riguroso, mucho menos sensiblero. 


Pero el mencionado discurso no es innovador únicamente en lo que respecta a teoría económica. El discurso también sugiere que en Colombia no somos violentos, que "Colombia no es un país violento sino que nos creímos esa historia". Y para sustentar esa afirmación, Orito Díaz hace uso nuevamente de una comparación Colombia versus Japón que no nos atrevemos a cuestionar, que pasamos por alto mientras nos secamos las lágrimas que derramamos al escucharlo exaltar nuestra Colombianidad.

Dice Orito Díaz, en un ejercicio de populismo, que acá no somos violentos sino amorosos porque en Japón no se usa el abrazo, porque los novios se encuentran y no se dan ni un abrazo ni un beso. Dice Orito Díaz que en Colombia no somos violentos porque "acá hasta el vecino lo abraza a uno", porque "es increíble como el Colombiano se ama, se abraza, se quiere y se sonríe".

¡Tienes razón Orito!  ¡Acá todos somos un dechado de paz y amor! ¡Japón es el país violento!

Acá en Colombia somos tan amorosos, tan amorosos, que cuando nuestros estudiantes de Biología van a hacer trabajo de campo en las áreas rurales, los devolvemos a sus familias en ataúdes. Los abrazamos bastante, eso sí, pero los matamos.

Acá somos tan amorosos y tan pacíficos que obligamos a los campesinos (los mismos que cultivan las sandías baratas) a abandonar sus tierras y a vivir en cinturones de miseria en las ciudades. Acá somos tan amorosos y tan pacíficos que según algunos rankings de organizaciones muy serias  somos el sexto país del mundo con más desplazados y el décimo quinto país en el que suceden más homicidios.

Dejémonos de vainas! dirían en una serie de los noventas. Es que aunque en Japón no se abracen, una gente muy seria y muy estudiosa del Instituto para la economía y la paz nos ha ubicado en el puesto número 138 entre 149 países, en algo que podríamos llamar un  ranking mundial de paz. Lo que quiere decir, si me permiten a mi (a un simple Barranquillero) un recurso retórico menos abusivo que  los de Orito Díaz, que Colombia es el onceavo país menos pacífico del mundo, solo superado en -escasez de paz- (o en violencia, como lo quieran llamar) por países tales como Irak y Corea del Norte.

¡Que pacíficos somos en nuestra Colombia de la mano fuerte y el Corazón Grande! Que hermanados y abrazadores andamos por el mundo.

Lo que necesita Colombia es un montón de voces críticas y muchos menos discursitos patrioteros y sensibleros a la medida de "Colombia es Pasión". Es escalofriante que los discursitos complacientes, tiernitos y populistas hagan más eco que la obra de nuestros grandes pensadores críticos. Es imperdonable que Orito Díaz sea el personaje más popular del Internet en Colombia y que por otro lado la gente no pierda la oportunidad de insultar a Fernando Vallejo cada vez que este toma un micrófono en la radio. Es imperdonable, repito, pero comprensible. La historia está llena de populistas que le dijeron unas cuantas cosas bonitas a las naciones, exaltaron sus valores, sus virtudes más encomiables, se ganaron posiciones de liderazgo y luego las traicionaron.  ¿Alguien ha oído hablar de un tal Hitler y de la forma en que convenció al pueblo Alemán de que era virtuoso, hermoso, superior? 

¿Alguien recuerda como terminó esa historia?

Que fastidioso sería un concejal, alcalde, gobernador, congresista o presidente así de sensiblero y populista. Qué peligroso. Pero lo predigo: Orito Díaz tiene futuro en nuestra política. 

Lo que nos hace falta es mucha más gente como Vallejo, que se atreva a decirnos todas las verdades que no nos atrevemos a decirnos, que nos regañe y nos cuestione, porque la crítica, la auto-crítica, es mucho más importante que la lisonja.

Sobran ese tipo de líderes que nos intenten convencer de lo buenos que somos, de lo amorosos que somos, porque no hay nada más peligroso que decirle a un Colombiano que su patria es una maravilla. Se corre el riesgo, en el intento, de que se nos olvide para siempre  que hay mucho trabajo por hacer, que la gran mayoría es pobre y que la guerra sigue matando. Parte esencial de cualquier cambio de "mentalidad" tendría que venir a través de una actitud que busque afrontar esos problemas, que los asuma, que los ponga en nuestra conciencia colectiva, para luego buscar soluciones.  La peor forma de lidiar con ellos es olvidarlos entre sensiblería y falsos sentimientos patrióticos.

Tal vez en un país lleno de autocrítica y menos auto-indulgencia no necesitaríamos héroes como la señora Estela que menciona Orito en su discurso. No seríamos un país de héroes tristes, como esa señora que vende -maticas- en Ciudad Bolivar y que así sustenta a tres hijos y ha levantado una casa. 

En Japón, como en otros países civilizados, no es un héroe quien sobrevive.




Texto de Javier Pimentel.













Vea el discurso de Orito Díaz aquí:

Una Visión de Colombia - perspectiva de Japón from Turismo con proposito on Vimeo

Álvaro Uribe acepta responsabilidad en seguimientos a periodistas y políticos colombianos

12 febrero 2011

 
El expresidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, aceptó finalmente su responsabilidad en el seguimiento de periodistas y políticos colombianos, tras conocerse  diversas pruebas y argumentos en su contra.

El expresidente declaró en exclusiva para REVISTA CLAROSCURO: "yo sí tuve que seguir a algunos periodistas, pero fue solamente un tiempo y por pura necesidá'. Recién había abierto una cuenta en Twitter y usté' sabe que la mejor forma de uno conseguir seguidores es seguir a todo el mundo, y fue así como comencé a seguir periodistas, políticos de la oposición y otras personas que no puedo mencionar...".

Así mismo, puntualizó que "no sabía que Twitter era tan adictivo, después de comenzar no pude detenerme, ese negocio es más rentable que la coca. Si lo hubiera sabido antes...". Reconoció que estos seguimientos se realizaron en su periodo de gobierno y  que no se arrepiente de haberlos ordenado.

Las revelaciones del expresidente salpicaron a su vez a varios integrantes del DAS, que también seguían periodistas y congresistas, aunque el mismo Uribe asegura que estos seguimientos fueron solamente por Twitter y que toda la información retwitteada por éstos escapa de su control y responsabilidad.

Al cuestionar a Álvaro Uribe sobre cómo conoció esta modalidad de seguimiento, éste respondió: "conocí el Twitter en un computador que encontramos en la selva en poder de las Far. Cuando me enteré de que los  terroristas seguían al presidente Chávez, creí que eso era normal y por eso le dije al DAS que siguiera a los bandidos que usté ya sabe. Yo les dije que por Twitter, pero de pronto ellos no me entendieron ni a mí, ni a la patria. Son unos héroes, estos grandes patriotas, arriesgando sus blacberris a un virus por amor a los colombianos".

A estas declaraciones del expresidente colombiano se unen las de José Obdulio Gaviria, que afirma que las recientes investigaciones hacen parte de una conspiración terrorista en contra del uribismo, que expondrá detalladamente en su próxima publicación titulada "Del Tweet al fusil: evolución del ciberterrorismo en el estado de opinión".


Por: Tomáz Garzía.
Imagen: CIAT





El Trabajo Que Solo Podía hacer un Blanco

10 febrero 2011

Unas líneas de despedida, a David Sanchez Juliao.

The seed


Dice Ernesto McCausland que  "David Sánchez era muy consciente de su universalidad. A pesar de que adoptó el Caribe como fuente rica e inagotable de sus historias, y entendió el Caribe como nadie, no sólo desde la perspectiva narrativa, sino desde la perspectiva analítica e intelectual, era un ser universal. Esa fue su gran fortaleza."*

No sabemos, sin embargo, qué tipo de universalidad pueda predicarse de algunas de sus obras en la que se habla estrictamente en el lenguaje de las calles de la costa atlántica Colombiana, un lenguaje con su propio léxico lleno de palabrotas en el que un amigo es un "cuadro", en el que la expresión "nojoda" es una interjección usada con demasiada frecuencia, en el que se habla rápido, rapidísimo.

En efecto, el lenguaje en "Abraham al Humor", "El Flecha" y otras de sus obras es un lenguaje esencialmente nuestro. Nos pertenece a todos aquellos que nacimos de Bucamaranga hacia arriba y en él nos movemos como peces en el agua.

No es momento, sin embargo, para poner en entredicho la universalidad de la obra de David Sanchez Juliao sino para preguntarnos a nosotros mismos, que somos operadores de ese lenguaje, que pertenecemos al universo de esa obra, lo que ese sociólogo, diplomático y comunicador nos dejó para siempre.

Y empiezo entonces recordando que la obra de Juliao tiene la virtud de ser un retrato entretenido, pero no por eso complaciente de algo que podríamos llamar el -establishment- costeño. Uno de sus personajes, un aspirante a boxeador ignorante pero alegrísimo y dicharachero, un tal "flecha", nos dijo alguna vez con un desparpajo sorprendente cosas como la siguiente:

‎"Pero viejo Deivi, vea le digo, yo andaba así desorientado, porque yo lo que quería ser era boxeador, la madre. Jueputa -profesión- para gustarme nojoda, más que la -comía-.
Desde que vivía en el barriecito ese donde todavía vivo, el Kennyder! - Kennyder! El barrio más bacano de Lorica, porque es el único con nombre de President of the Yunaited States of America.
Bueno, desde que vivía ahí, en ese barrio, en donde a uno como negro no le queda otra alternativa que el ring y la fama marica. Síii, porque las demás profesiones, usté lo sabe viejo "Devinson", son oficio pa' blanco cuadro, la madre."


Qué subversivo era este tal -flecha-. Parece sugerir que la sociedad de la costa atlántica colombiana es racista y excluyente por excelencia, parece sugerir que ser negro, en una tierra de Libaneses a los que la gente llama turcos, en una tierra de mestizos, es una maldición que te persigue toda la vida.

¿Y a quién se le ocurre decir eso? Que los costeños somos racistas y que en nuestra esencia, en nuestra forma de ver el mundo, la idea de la exclusión es un gran valor. Que nos sentimos -la verga- (como diría el flecha) cuando nos sentimos parte de una élite que va al "club del country" y que no tiene nada que ver con estos personajes sencillitos, negritos, ignorantones.

Eso lo puedo decir yo ahora sin muchos temores, en esta nota corta, a sabiendas de que me ganaré un par de enemigos en mi tierra pero no mucho más que eso. Es que en este momento de nuestra historia ya no matan a la gente tanto por decir lo que piensa y ya no es tan peligroso decirles unas cuantas verdades a las élites de las provincias. Tal vez ahora, quién sabe, no se -emputen- tanto.


Una obra que se haya atrevido a hacer eso mucho antes, en otro momento histórico, que haya buscado la voz de nuestros personajes más sencillos, de nuestros negros, de la gente que vive en las barriadas, es una obra realmente valiente. Alguien que contara estas historias podría, en efecto, haber pisado muchos callos.

La obra de Juliao tiene la virtud de esa valentía, pero además tiene otra cierta virtud al decirnos todas esas verdades como en -mamadera de gallo-, como quien nos encuentra en una tarde soleada barranquillera y nos echa un montón -de lengua- (Tradúzcase al castellano: Nos regaña profusamente) pero no nos maltrata sino que nos divierte con nuestra propia estrechez de miras. No me extraña, en ese sentido, que además de académico y sociólogo, Juliao haya sido diplomático. Su obra puede verse precisamente como un gran ejercicio de diplomacia, una divertida diplomacia literaria que nos dice lo que nadie más se había atrevido a decirnos.


La voz de El flecha, además, habría sido una voz realmente imposible e inaudible sin la obra de David Sanchez Juliao precisamente porque el "Flecha" tiene la razón cuando dice que en la costa atlántica Colombiana ser negro es nacer jodido. Este era el trabajo que sólo podía hacer un blanco. No habríamos escuchado esa queja divertida, esa gran historia de desencanto que viven tantas personas en los barrios de nuestra provincia, esa crónica sobre la indolencia de una sociedad, si no hubiera sido por David Sanchez. 

Se ha ido. Pero nos deja entonces un montón de cosas. Sabemos que vivirá para siempre en las sonrisas de nuestros barrios populares, en las carcajadas de los que que se divierten con las imprudencias de "El Flecha", en la vivencia de nuestro pueblo pobre pero alegre y lenguaraz.

Recordemos que fue él quien le puso la voz (literalmente) a ese personaje que describió a la sociedad costeña a través de un montón de métaforas que todos entendimos:

"La vida es eso hermano, una película de vaqueros (...) en la que unos monos boniticos -hay- y tal, los del lado del chacho, los que ganan, y otros barbones y pelúos que ni modo son los que se -esmierdan- del caballo, los que el chacho hace así vea: -Pum, Pum.  Medio mueve el gatillo y van cayendo como quien tumba mango".

Ha muerto un maestro, porque podemos llamar maestro a quien nos enseña, con alegría y desparpajo, un montón de cosas sobre nosotros mismos. 



Fotografía: Martín Vinacur




* Fuente: La República. 





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