Por: Diego Niño
Fotografía: Aleusa Nitram/Ana
Pertenezco a la generación del desarraigo y del desencanto. Mis contemporáneos transitan los días con el escepticismo del anciano que tiene la certeza de que los sueños, diseñados por años, no son más que un manojo de sonoras y devaluadas quincallas.
Esto se debe, sin duda, a que pertenecemos a una generación que pasó su niñez escuchando a Joan Manuel Serrat o a José Luis Perales en discos de vinilo que nuestros padres emplazaban en radiolas. La pubertad estuvo acompañada, asimismo, de los Toreros Muertos o Los Prisioneros cantando desde la cinta magnetofónica de un casette. La adolescencia nos acogió con Metallica o Nirvana desde los luminosos cd’s. Ahora, cuando la madurez nos susurra al oído aturdidos consejos, paseamos las calles oyendo Radio Head o cualquier grupo depresivo en mp4.
La mayoría de nosotros hizo, por otra parte, un trabajo en máquina de escribir y creció lejos del insufrible celular; pasamos la infancia jugando al soldadito libertador, a las canicas, al trompo y demás juegos; en tanto que agotamos, en los albores de la madurez, los exiguos segundos jugando X-Box o Nintendo Wii.
Esto, mis queridos lectores, ha propiciado que seamos una generación amarga, conflictiva y extraviada en los meandros de la tecnología. Nunca sabemos dónde queda el norte, qué viento es propicio ni el nombre del puerto al que arribarán nuestros esfuerzos. Pasamos la vida preguntándonos por el sentido de nuestros actos y algunos de nosotros nos desbarrancamos en las drogas que consumieron nuestros padres o nos escondemos en las faldas del alcohol. Fuimos nutridos con los réditos del peculio acumulado en las arcas de la traición a la causa comunista o leninista que enardeció los corazones de nuestros padres en su lejana juventud.
Esto ha hecho de nosotros, como dije atrás, personas indiferentes e incapaces de retar al destino y para las cuales el mundo y sus habitantes importan menos que el mp4 que descansa en nuestro bolsillo.

Leonardo Said,
El desencanto es lo propio de toda generación al alcanzar eso que llamamos madurez; el realismo hipócrita al que nos obliga la vida y una buena dosis de egoísmo cuando nos damos cuenta de que vamos ya por el bulevar de los sueños rotos.
A estos que nacieron con el celular y google impresos en las yemas de los dedos les pasará lo mismo. Se darán cuenta de que pese al iphone se sentirán solos y que en google no encontraron ninguna respuesta a su angustia existencial.
Para entonces los de su generación (la mía tuvo la adolescencia con Serrat) habrán alcanzado la sabiduría.
Cordialmente
Leonardo Torres
Posted on 20 de noviembre de 2009 09:59
Diego Niño Said,
Para el momento en el que llegue la sabiduría será inútil para la propia y para las demás generaciones…
La generación que, como usted bien dice, nació con Google y con el celular anexo a la mano sufrirán un vacio existencial mayor que el de cualquiera generación anterior...
Gracias por la visita y por el comentario!!
Posted on 23 de noviembre de 2009 22:02
Leonardo Said,
¡Cuánto pesimismo! No sé si servirá de algo, pero más vale alcanzar cierta sabiduría que cierta estolidez. Y entre tanto, vivamos lo mejor que se pueda!
Posted on 1 de diciembre de 2009 10:53
Diego Niño Said,
Mi pesimismo nace, justamente, de lo expuesto arriba....
y sí; vivamos lo mejor que podamos (al fin de cuentas no hay más oficio que el de vivir)
Gracias, de nuevo, por su visita
Posted on 9 de diciembre de 2009 23:30