Javier Pimentel


Este reportaje en memoria de Ezequiel Cruz, de catorce años, cuya tuba fué silenciada por los balazos de algun cobarde.


Orquesta Sinfónica Juvenil



Son aproximadamente las 6:20 de la tarde del nueve de octubre de 2009. Alejo Campos, el director de arte de la orquesta, me enseña el camino hacia los camerinos; me señala una puerta que queda a la izquierda del auditorio y me dice que no hay problema, que siga, que el paso está permitido.

Desde afuera solo se alcanza a divisar oscuridad y ajetreo, hay siluetas de niños y jóvenes y de papás bonachones llenos de orgullo que se mueven de un lado para otro entre la oscuridad. Me tomo unos segundos para acostumbrar los ojos y para tomar algo de impulso, pues supongo que mi tarea, tal como se lo había prometido a Martin Rodrigo Jorge, el director titular de la orquesta, consistiría en tomar unas fotos del grupo de niños y -principalmente- en estorbar lo menos posible las tareas de preparación del espectáculo.

Hace algún tiempo, cuando participé en la orquesta juvenil de mi colegio, aprendí que los camerinos de los teatros antes de que empiecen las funciones y los recitales son sitios llenos de tensión y de interminables vasos con agua a temperatura ambiente. Supongo que Freud tendría algo que decir al respecto, pero lo cierto es que desde niño he aprendido a temer a los camerinos y a vislumbrarlos como presagios de largas esperas y discusiones interminables. Me aterran esos largos corredores mal iluminados que los anteceden en silencio, los imagino llenos de obstáculos escondidos en la oscuridad para que los caminantes incautos tropiecen y caigan y ya no puedan cantar o tocar ningún instrumento.

No digo lo anterior para exponer impúdicamente mis traumas infantiles, sino para justificar la indecisión y el nerviosismo que me embargaron antes de entrar al pasillo que conducía a los camerinos de los integrantes de la orquesta. Mi consigna, antes de entrar, era: toma tus fotos y no jodas, así que me adentré en la oscuridad con paso cauto y saludando con sonrisa amplia a todo el que encontrara en mi camino; haciendo esfuerzos inimaginables por no tropezar con esos objetos escondidos que amenazaban desde mi imaginación.

Tuve un éxito moderado, pues tropecé solo una vez y al pedir disculpas no hubo reacciones de rabia o gestos que delataran tensión desmedida, así que respiré con más calma y seguí caminando hasta uno de los lados ocultos del escenario en el que estaban sentados algunos niños. Les saqué unas fotos con el flash encendido como en busca de reacciones de rechazo y no obtuve ninguna, de manera que el paso siguiente era fisgonear en los camerinos. Estaba a punto de desaprender todo lo que había aprendido en mis años de colegial sobre camerinos y pasillos y sitios tras bambalinas, pero no lo sabía.

Me asomé tímidamente y todo estaba en su lugar: una adolescente como de unos 15 años se maquillaba frente a ese gran espejo sobre-iluminado que hay en todos los camerinos, un joven con el pelo largo se lavaba la cara y un grupo de seis o siete jóvenes alistaba sus instrumentos.
Más fotos.

Vanidad Sinfónica


Dos niñas, con violines en sus mentones, se robaron mi atención porque empezaron a tocar una melodía que me sonó familiar, y acto seguido unos cuantos jóvenes las rodearon en un círculo lleno de sonrisas. Reconocí, entre los presentes, a Daniel, un timbalero que me enfatizó en que ya no contaba como menor de edad, pues en dos días (feliz cumpleaños Daniel, si es que lees esto) cumplía dieciocho años.

Una media hora antes mientras contemplábamos el escenario vacío, Daniel (que es uno de los veteranos de la orquesta) me contó que antes de tocar un instrumento, todos estos niños recibían tres años de formación en teoría musical. Después de esos tres años y de unos cuantos más que dedican a hacerse diestros en la interpretación del instrumento de su preferencia, los niños pueden tocar en las presentaciones oficiales de la orquesta.

Me dijo, con orgullo, que ya lleva más de siete años formándose como músico, y que solo después de ese arduo trabajo se ganó un sitio como uno de los percusionistas principales.

-El caso de Alfredo es diferente - me dijo - porque él está empezando a los siete años, y con su facilidad para la música, lo veo ocupando mi lugar en tres años.

Alfredo es el más pequeño de la orquesta. Unos minutos antes de adentrarme en los camerinos, le había sacado algunas fotos junto a unos contrabajos (o unos violonchelos quizá) y lucía diminuto. Cuando le pregunté qué instrumento tocaba, me dijo sin ningún tipo de pudor: el pito.

Y en mi ignorancia, sin saber que iban a tocar una cosa que se llama la sinfonía de los juguetes, de Mozart (pero no de Wolfgang sino de Leopold) le pregunté:

- ¿El pito? ¿Y qué instrumento es el pito?

No contribuyó mucho con su respuesta:

- El pito - me dijo - ese que suena piii piii.

Alfredo Córdova

Para sacarme de la duda, Daniel me contó sobre la sinfonía de los juguetes y sobre la decisión de incluir algunos silbatos y otros instrumentos de juguete con el fin de emular, muy a la Salvadoreña, lo que imaginó Leopold Mozart hace más de dos siglos. Alfredo y su colega Wilhem, también de siete años, tocarían unos silbatos mientras otro chiquillo haría lo propio con un triángulo y otro más percutiría sobre un caparazón de tortuga (como lo hacían los indígenas de estas tierras hace muchos años, explicó el director de orquesta).

Con la tácita aprobación de Daniel, ya en el camerino, logré hacerme un lugar entre el circulo que los jóvenes músicos habían formado alrededor de la niña del violín. Aquella melodía que salía del instrumento ya cobraba sentido en mi cabeza; era la banda sonora de Mario Bros, el videojuego de los noventas que le restó muchas horas de parque y sol a mi generación. Una de las violinistas principales de la orquesta tocaba la melodía y otro chico la acompañaba dándole golpecitos al envés del caparazón de una tortuga.

Todo era risas.


Orquesta Sinfónica Juvenil



La chica del violín olvidaba aveces la melodía pero otra violinista le recordaba, con sonidos y gestos, las notas que seguían a continuación. Y aquello provocaba tal hilaridad, era tan divertido, que pronto el camerino se llenó de más chiquillos vestidos de negro y de un adolescente que pellizcaba con gracia un contrabajo.

En un abrir y cerrar de ojos estaba rodeado de flautas, de cornos franceses, de trompetas, de clarinetes, de palmoteos y carcajadas. Y los niños, sin director ni partituras, hacían música y se divertían. Se divertían.

Entre carcajadas, improvisaciones y sonidos de todos los tipos se escuchaban cumbias, bandas sonoras y piezas de música docta. Tenía algún tiempo sin presenciar una jugarreta musical de ese tipo y viendo las sonrisas y las reacciones y la magia llena de música que inundaba el pequeño camerino, no pude evitar pensar en aquellas fotos de Annie Leibovitz en las que se retratan bandas de rock. Esta sensación, la que sentí al retratar estos pequeños músicos, es tal vez la misma que embargó a Leibovitz mientras fotograbiaba a un tal Mick Jagger o a un tal John Lennon. Intuyo que es lo más parecido a la euforia musical que alguien incapaz para la música puede experimentar.

Allí adentro todo era alegría, todo era música, todo era juego, todo era juventud. Haciendo parte de ese tipo de ceremonias musicales, uno puede olvidar con facilidad que en la calle las pandillas se matan y que el mundo se hace cada vez más caliente. Con sus instrumentos en las manos, cobijados por la música, las sonrisas de estos niños son a prueba de balas.

Orquesta Sinfónica Juvenil


Además de la música había cortejos descarados, coqueteos sutiles, libros abiertos con tareas incompletas, bromas privadas que no pude entender y -cumpleaños felices- tocados en violín y entonados con algo de técnica.

Wilhelm, el que acompaña a Alfredo en -el pito-, estaba de cumpleaños y Daniel así se los hizo saber a sus compañeros, que lo rodearon amistosamente e -interpretaron- lo que todos conocemos como el “Cumpleaños feliz”, que realmente es una canción compuesta en 1893 por dos profesoras estadounidenses que querían utilizarla para que sus alumnos se dieran los buenos días (el título original en Inglés es: “Good morning to all”).

Y el cumpleañero, el cumplimentado, como decimos incorrectamente en algunas partes de Colombia, aceptó el agasajo con algo de timidez y una frase dirigida a Daniel:

-Me las vas a pagar- le dijo- con entonación de caricatura de la tele.


Orquesta Sinfónica Juvenil

Y así continuaron, riendo y tocando y afinando instrumentos hasta que llegó el momento de salir al escenario, donde los esperaban un montón de instrumentos debidamente organizados y una hilera de atriles que sostenían partituras abiertas de par en par. Me escabullí hacia la salida y busqué mi asiento entre las sillas del auditorio para observar, ya desde una posición menos invasiva, una versión mucho más solemne de los niños que había conocido segundos atrás. Este cambio repentino en la actitud, me dije, es prueba de que se toman todo esto en serio. Desde el anonimato de mi silla, sonrío al recordar la exploración musical que acabo de presenciar y doy un vistazo al frente:

En el escenario, concentrados en sus partituras y en la batuta del director, Wilhelm Rodríguez y Alfredo Córdova, que juntos suman catorce años, juegan a ser músicos con una orquesta sinfónica a sus espaldas. Todos juntos son eso: una verdadera orquesta sinfónica, dirigida con férrea paciencia por Martín Jorge y promocionada de una forma muy digna y atinada por Alejo Campos. No tienen mucho apoyo estatal ni salen en la tele, pero son un montón de niños salvadoreños que hacen música y que al hacerlo demuestran que ésta puede ser abordada y enseñada como un juego. Ese tipo al que interpretan, el que compuso los divertimentos que tocan al unísono, un tal Wolfgang Amadeus Mozart, probó esa teoría (junto a su hermana) hace más de doscientos años.



Galería de Fotos:
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8 Response to "Mientras Sonrío desde el Anonimato"

  1. ser Said,

    Este reportaje está bien lindo =)
    Yo soy integrante de la orquesta y me siento muy feliz de tener la oportunidad de estar ahí =)

    Posted on 12 de noviembre de 2009 14:22

     
  2. Anónimo Said,

    Orquesta Sinfonica puede promover la música? cual es el impacto inmediato que se persigue con este proyecto cultural, serán los salvadoreños tan buenos para dedicar su tiempo y conocimiento en la música, o solo será una alternativa de trabajo???

    Posted on 13 de noviembre de 2009 10:08

     
  3. Anónimo Said,

    hay q lindo ese nene wilhelm, lo adoro soy su fan, es un daddy yankee en bebe, que chulada y q bonito toca el pito.


    . su abuela marina

    lo queremos mucho, su tio moi y la vale.

    Posted on 14 de noviembre de 2009 22:17

     
  4. Anónimo Said,

    Felicidades al personal de PROARTE a la Secretaria de Cultura y a los jovenes musicos de la Orquesta Sinfonica Juvenil de El Salvador.

    Posted on 15 de noviembre de 2009 11:08

     
  5. Laura Elena Said,

    ESTIMADO SR PIMENTEL :PERMITAME DECIRLE UNAS PALABRAS, Y ES QUE UD ES TODO UN ARTISTA DE LA COMUNICACION, QUE SABE LO ESCRIBE. QUE SE FIJA EN ESOS DETALLES, QUE CAPTA LA VERDADERA ESENCIA DE LO QUE SE VIVE Y SIENTE.SUS PALABRAS SUS FOTOS Y LO QUE HA TRANSMITIDO HA VENIDO A DARLE UN POCO DE ALICIENTE A ESTE SELECTO GRUPO DE NIÑOS.QUE REPRENSENTA A TODO UN PAIS.QUE DIOS LO SIGA UTILIZANDO Y BENDICIENDO. REALMENTE SR PIMENTEL LO FELICITO POR SU BONITO HE INTERESANTE REPORTAJE. ROSA VARGAS.

    Posted on 15 de noviembre de 2009 18:01

     
  6. Anónimo Said,

    Felicidades ...Estoy super orgulloso de ti Alfredo Jose
    Que Jehova bendiga todos tus esfuerzos .
    Tu tio Carlos

    Posted on 15 de noviembre de 2009 22:07

     
  7. Leonardo Said,

    Un lindo artículo y homenaje a esta orquesta en particular y de paso a todas aquellas orquestas juveniles que existen en algunos países donde cumplen una misión que va mucho más allá de la música. Hace poco había visto un reportaje sobre una orquesta del famoso barrio popular de Soweto en Suráfrica, sin duda una orquesta hermana de la que aquí describes.
    Un saludo

    Posted on 16 de noviembre de 2009 18:19

     
  8. Katia Said,

    Javiiiiiiiiii .... me encantó ... excelente ..... despertó en mi todos esos sentimientos de orgullo hacia ti y hacia los personajes protagonistas de este reportaje .... sencillamente ... genial ..... las fotos muestran perfectamente lo que describes tan cuidadosamente. te envidio porque como muy bien lo dices "es lo mas parecido a la euforia musical que alguien incapaz para la música puede experimentar".

    Posted on 22 de diciembre de 2009 16:56

     

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