Por: Alejandro Gómez Dugand
Hoy por hoy Colombia me da un miedo terrible. Digo, creo que hemos alcanzado unos niveles de polarización que algunos años atrás pudieron haber sido el germen de las guerras interpartidistas. Hoy por hoy, me da miedo hablar de mi aversión a nuestro presidente cuando estoy en un taxi… ¿Y si el conductor me baja en una calle oscura a la que la Seguridad Democrática no ha llegado? Y ni pensar decir lo que pienso en un almuerzo familiar ¿Y si me dicen Anti-Uribista y me quedo sin ariquipe con brevas? Y peor, no me atrevo a decirle a un respetuoso hombre de izquierda que Santos es un personajillo peligroso, o que José Obdulio un animalejo funesto o Lina Moreno un mujer mas bien pomposa metida en un matrimonio infernal ¿Y si de repente me dice que me siente como uno de ellos y me invita a una marcha no ya organizada por Facebook porque -gas- sino por Twitter que es más “under”? En Colombia uno tiene que odiar para ser en términos políticos, y yo, la verdad, estoy sufriendo una crisis existencial. ¿No puedo pensar que Chávez y Uribe son un desastre por las mismas y exactas razones sin que los Uribistas y los AntiUribistas me digan que me falta carácter? ¿No puedo pensar que de vez en cuando Correa dice cosas bien importantes sin que tenga –obligatoriamente- que enrolarme en una guerra pro-guerrilla?
Parece que es una cosa diaria el verme envuelto en una discusión en la que alguien me obliga a dar mi opinión política, que preferiría guardarme, solo para tener la satisfacción de decir cosas como “este país está mejor que nunca” o “yo, desde que tengo memoria, no he visto un mejor presidente”, y esta última frase es particularmente hermosa cuando la dice alguien que escasamente puede recordar el último año de mandato de Gaviria. Y lo triste de esas conversaciones es que siempre terminan en el mismo callejón sin salida: “es que criticar es muy fácil, si tiene tan claro que es lo que necesita el país ¿pues por qué no se lanza a la presidencia?” Pues bueno, lo he pensado, lo he masticado, he repetido mil veces en mi cabeza la frase “si Serpa lo ha hecho tantas veces la cosa no debe ser tan grave…” y he tomado la decisión: Me lanzo a la presidencia.
Por ahora no tengo clara mi agenda pero es algo que hice a propósito para estar en igualdad de condiciones con los otros precandidatos. Y pues en últimas no hay afán, he mirado a la historia de Colombia y a sus grandes protagonistas políticos y algo me ha quedado claro: en este país es más apremiante escoger un color, un partido, que escoger las ideas… eso vendrá por añadidura, como el pan debajo del brazo de los niños que los padres de familias multitudinarias esperan en los barrios de invasión.
Entonces desde ya me embarco en esta tarea titánica de ser candidato, tarea que solo veré culminada hasta el momento en el que Yamid Amat me entreviste en un set de bajos recursos o que Vicki Dávila me mencione al menos unas vez en La cosa Política; de ahí en adelante, todo el trabajo estará en sus manos, ustedes mis queridos votantes, para que yo sea el próximo Urib… digo, presidente (es la falta de costumbre) de este soberano país.
Mi deber durante esta travesía será reportarles, con lujo de detalles, los avances de mi campaña, los triunfos y las derrotas y tomar nota de todo lo que ustedes tengan para hacer de este proceso de ser candidato menos peligroso de lo que parece ser.
Así pues, me pongo desde este momento a tocar puertas de todos los partidos hasta encontrar uno que me acoja en su seno desinteresado. Pero desde ya hago oficial mi eslogan, inspirado en el grandioso Saint Obama: Sí, yo también puedo. Imprimiría camisas y las repartiría pero con este problema de fondos que, inspirados en las majestuosas técnicas de refundación lingüística de José Obdulio, vamos a llamar austeridad, no me queda mejor opción que prometerles (váyanse acostumbrando a eso de las promesas) que pronto el eslogan estará diagramado y colgado en algún lugar de esta página para que ustedes lo impriman y se gasten unos pesitos en T-Shirt Lab para salvar a este país del oprobio.
Así pues, mi lista de actividades que he de cumplir antes de que nos volvamos a reunir es la siguiente: -Llamar a mi exnovia que sabe usar Corel y pedirle que haga el eslogan. -Buscar la palabra oprobio en el diccionario. -Encontrar un partido. -Ir pensando en un nombre para el vice.
Hasta nuestro próximo encuentro, les mando un abrazo de gratitud y que viva Colombia.
blueandtanit Said,
jajaja
muy bueno!!!
sí se puede! ;)
Posted on 10 de noviembre de 2009 07:53
Anónimo Said,
Muchos nunca vivieron la epoca cuando godos mandaban a matar liberales y los liberales correspondian.
Muchos no conocieron o no recuerdan la epoca cuando no se podia emitir una opinion en la prensa y cuando los curas estimulaban descaradamente la violencia desde los pulpitos.
Hemos avanzado años luz desde el frente nacional y aunque todavia somos tercermundistas, cada vez vamos mejorando.
Posted on 10 de noviembre de 2009 16:19
Anónimo Said,
Yo no diría que se ha mejorado, sino que nos hemos descarado. Y no hablo desde la comodidad que nos otorga el señalamiento, ni de la doble moral que nos sube en un pedestal de babas y nos abanica con la falta de educación y de carácter.
Quizá se ha mejorado en términos de progreso, pero seguimos siendo cromañones (de evolución, aquí no hay mucho de qué jactarse).
Posted on 12 de noviembre de 2009 23:57
Anónimo Said,
definitivamente estoy de acurdo, Sì se puede!!!!! jajaaj. pero opino que aunque no soy uribista, ni conservador, liberar u otro partido polìtico que exista, tengo padres, y tios que dan fiel testimonio del antes y el despùes.!
Es
Posted on 17 de noviembre de 2009 15:57
Leonardo Said,
Un consejo : pídale al ex-marido de Ingrid que le ayude en la campaña... no le faltan ideas. Y sí... lo primero, llame a su novia.
Posted on 20 de noviembre de 2009 10:08
Anónimo Said,
Yo lo contaco con su ex-novia si me da una embajada
Posted on 7 de diciembre de 2009 15:16
Anónimo Said,
Perfiero votar por un candidato sin norte pero sincero como vos que por un exmatón redimido como Petro.
Posted on 6 de marzo de 2010 12:09